RECETA DULCE

Wafle de frutos rojos: un clásico que ilumina cualquier mañana

Sencillo, colorido y lleno de vida

 

Hay algo especial en un plato que combina suavidad, frescura y un toque de dulzura. El wafle de frutos rojos se ha convertido en uno de los favoritos porque tiene esa capacidad de alegrar la vista y el día en un solo instante. Su textura esponjosa, el aroma cálido y el contraste de los frutos lo vuelven un desayuno que se disfruta despacio, casi como un pequeño ritual.

La clave está en la masa. Un wafle perfecto no debe ser demasiado compacto ni demasiado ligero. Buscamos ese punto en el que el primer bocado cruja suavemente por fuera y se derrita por dentro. Y aunque la base sea sencilla —harina, huevo, leche y vainilla—, la magia está en preparar la masa con calma, dejando que respire y tome aire.

Los frutos rojos, por su parte, aportan un equilibrio hermoso. Las fresas dan dulzura, las zarzamoras una nota más profunda y los berries un toque ácido que despierta el paladar. Al combinarlos con un chorrito de lechera, el resultado es una mezcla que abraza y refresca al mismo tiempo.

Es un plato que invita a momentos tranquilos: una mañana sin prisa, una charla ligera, una taza caliente al lado. Más que un desayuno, es una forma de empezar el día con algo bonito, colorido y hecho con cariño.

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